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jueves, 5 de agosto de 2010

La Nueva Letra Escarlata

o Una breve presentación mía o Una disertación menor sobre cómo ser Ateo y no avergonzarse por ello

Me permito presentarme. Ya sé, lo sé, no quería hacerlo, pero las normas intrínsecas de los bloggers, muy parecidas a las de los colaboradores de revistas y diarios, nos obligan a seguir el protocolo. Pero no hay mucho que decir: que fui autoinvitado y luego invitado a colaborar en este blog; porque creo en iniciativas como ésta; que soy básicamente no-creyente o escéptico, por no decir ateo, que se oye muy feo, aunque se esté promoviendo el "salir del clóset". Hasta que llegue el día en que se diga por ahí: "la Iglesia permite el matrimonio entre un ateo y un católico", en ese momento tal vez dejará de ser divertido serlo, porque ese valor agregado que tiene ser ateo en un mundo de creyentes desaparecerá cuando el ateísmo no sea una rareza; y los políticos no tengan que sostener que creen en dios y la santidad y la sagrada familia para ganar el voto; y podamos andar por la calle con algún motivo que, personal e intencionalmente, anuncie, como una moderna Letra Escarlata pero a la inversa, que no compartimos las creencias sobrenaturales de la gente.

Mientras, prefiero definirme como el mismo buen doctor Asimov se autodefinía: secular humanista. No importa tanto la etiqueta, importa que la base está sentada. No por eso me convierto en guerillero ideológico, simplemente tengo un problema con la humanidad por el cual no me avergonzaría que me enviasen a ver a doscientos psicólogos o consejeros espirituales: no soporto la estupidez y la superstición, y todos sus derivados. Un día una mujer medio ingenua supo que yo no creía en "Dios", me hizo una pregunta estremecedora: "¿Tan mal te ha tratado la vida?". ¡Carajo! Si es por eso que no evolucionamos, porque la gente supone que uno es infeliz si no tiene a su amiguito al que le reza cuando se le acaban los recursos y soluciones, sin saber que uno puede -y actualmente es- ser más humano, más justo y menos dañino que la gente que se persigna y reza y va al antro de religión los domingos y casi todos los días de la semana. Para lograrlo, sólo tenemos que echar mano de algo que se llama ética, de la cual hablaré posteriormente.

Así que, tranquila, humanidad moderna: con Julius puedes ser corrupta, abusiva, codiciosa, lujuriosa, perezosa, soberbia e irreverente, que todo te lo perdono. Pero que tengas amigos imaginarios, con eso sí, caes de mi gracia.

martes, 3 de agosto de 2010

Asimov era excesivamente optimista

Después de que el Dr. Asimov utilizara en su celebradísima novela Los propios dioses la frase "Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano" sorprende el grado de optimismo ingenuo y crédito que daba a la voluntad, responsabilidad e inteligencia humana y que muestra en sus declaraciones en 1988. A final de cuentas la estupidez humana fue superior a la que previó. Después de todo no todos son tan curiosos y con CI tan elevado como el suyo aunque se le aplaude y agradece la opinión a "el buen doctor" Asimov. Pronosticó acertadamente los sistemas pero falló en el uso que se le darían mayormente.... y lamentablemente.


Isaac Asimov. Su visión hacia el futuro. (3:28)

Me pregunto que opinarían sobre nosotros la gente que vivió hace siglos en una época donde las bibliotecas estaban restringidas para las clases sociales mas altas y el resto se conformaba con arriar el ganado o elaborar pan. Las "bibliotecas virtuales" ya están al alcance hasta de los perros pero sitios como facebook son tal vez más cómodos y amanzadores. Después de todo quizá sea cierto. "Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano".

jueves, 29 de julio de 2010

Insertar la pieza A en el espacio B

Como tengo ganas de subir algo pero no muchas de escribir les ofrezco un cuento de Isaac Asimov contenido en la recopilación de relatos Cuentos completos I (porque también hay un Cuentos completos II) publicado por Ediciones B y que resulta una ganga comprar. Cuesta menos de 90 pesitos y tiene casi 50 relatos entre los que están obras maestras de la ciencia ficción como el perturbador "Creced y multiplicaos", el conmovedor "El niño feo" y el que Asimov consideraba como su cuento favorito (por obvias e induscutibles razones), La última pregunta.

El cuento que publico no es el mejor de la extensísima colección de Asimov pero sí el más corto del libro, para que no digan que no pienso en su economía del tiempo. Un cuento donde podemos ver que el Asimov también tenía su sentido del humor irónico.


Insertar la pieza A en el espacio B
(Isaac Asimov)


Dave Woodbury y John Hansen, enfundados en sus grotescos trajes espaciales, supervisaban el lento desplazamiento de la caja de embalaje que se alejaba del carguero para entrar en la cámara de presión. Después de un año en la estación espacial A5, estaban comprensiblemente hartos de los ruidos metálicos de los aparatos de filtración, de los toneles hidropónicos con fugas y de los generadores de aire que zumbaban constantemente y de vez en cuando se paraban-

- Nada funciona – Se quejaba Woodbury- porque todo lo ensamblamos a mano.

-Y siguiendo instrucciones redactadas por un idiota – Añadía Hansen.

Tenían buenas razones para quejarse.
Lo más caro a bordo de una nave espacial era el lugar destinado al cargamento, de modo que todo el equipo se despachaba desarmado y embalado. Luego habría que ensamblarlo en la propia estación con manos torpes, con herramientas inadecuadas y siguiendo unas instrucciones confusas y ambiguas.

Woodbury envió por escrito una queja a la que Hansen añadió los adjetivos apropiados, y así la Tierra recibió requerimientos formales para corregir la situación.

Y la Tierra respondió. Se diseñó un robot especial que tenía un cerebro positrónico atiborrado de los conocimientos adecuados para ensamblar cualquier maquina desarmada que existiera. Ese robot se encontraba en la caja que estaban desembarcando, y Woodbury temblaba incluso cuando se cerró la cámara de presión.

-Primero que revise la montadora de alimentos y que ajuste el botón de la regulación de bistecs, para que podamos por fin comerlos poco hechos en vez de quemados.

Entraron en la estación y trabajaron delicadamente con las varillas desmoleculizadoras, cerciorándose de que ni siquiera un átomo de metal de ese precioso robot resultara dañado.

¡Se abrió la caja!

Y dentro había quinientas piezas y unas confusas y ambiguas instrucciones para ensamblarlas.



¡Ja! ¡Que chistosito nos salió el Asimov!