El teperete de la foto es Tiberio, el segundo emperador romano. Cuidado, es peligroso. Su gobierno coincidió con la vida pública de ese conocido personaje de la cultura pop llamado Jesús de Nazaret y es recordado por ser un culero con maestría en las artes de joder al prójimo. Al final de su vida se aburre de ser el dueño de medio mundo y decide retirarse a la isla de Capri dejando en su lujar a otro cabrón despreciable, Sejano, que también dominaba las técnicas de culeradas de alto impacto contra el pueblo por lo que el emperador se fue tranquilo de vacaciones sabiendo que otro en su lugar haría cagada a sus súbditos mientras se ausentaba. Si quieren saber cómo se divertía Tiberio en Capri escuchemos lo que Suetonio, el famoso historiador romano, en su libro “Vida de los doce Césares” nos relata para sorprendernos y es que Tiberio no precisamente jugaba a las canicas y a las matatenas con su palomilla. Escuchemos el rebumbio directamente de Suetonio. Arráncate:III, XLIII. En su retiro a Capri tenía una habitación destinada a sus desordenes más secretos, guarnecida de lechos en derredor. Allí un grupo elegido de muchachas y de jóvenes disolutos, reunidos de todas partes, y algunos que habían inventado monstruosos placeres, y a los que llamaba sus “maestros de voluptuosidad” (sprintrias), formaban entre sí la triple cadena, y entrelazados de esta manera se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus lánguidos deseos. Tenía además diferentes cámaras diversamente arregladas para estos placeres, adornadas con cuadros y bajo relieves lascivos, y llena de libros de Elephantidis, con objeto de tener en la acción objetos que imitar.
III, XLIV. Se dice que llevó la obscenidad más lejos aun, y hasta excesos tan difíciles de creer como de referir. Dícese que había enseñado a niños de tierna edad, a los que llamaba sus pececillos, a que jugasen entre sus piernas en el baño, excitándole con la lengua y los dientes, y también que, a guisa de seno, ofrecía sus partes a niños grandecitos, pero en lactancia aún, género de placer al que su inclinación y edad llevaban principalmente.
Unaaa… Dooos… Treees… ¡HIJOEPUTA!
¿Niños? Que sujeto más enfermo. Una persona con salud mental, siendo emperador, elegiría otras técnicas de diversión más saludables como dar a luz fétidos y estruendosos pedos de alcance trans históricos en la sala del Senado mientras un senador arengaba con elocuencia o quizá, en medio de la arena del Coliseo con lleno total, ejecutar pasos de baile toscos y sin gracia como los que me enseña Exiquio en el antro cuando está ebrio e intenta hacerse el simpático. Como sea, uno nunca sabe, hasta que es emperador.